PLANA MAYOR
Gaudencio García Rivera

 

Veracruz navega por los mares procelosos del retroceso –un modernismo oscurantista-, para transitar una vez más por los océanos  del torcido estado de derecho, de la impunidad y de la corrupción para someter la procuración de justicia a los intereses partidistas, a las hordas morenistas.

No cambia la sombría y torva historia de la sumisión, del vasallaje, del concubinato y de la  imposición abyecta del Poder Ejecutivo por encima de los poderes Legislativo y Judicial, más que los rostros de una clase política gobernante cíclica.

En juego está la vacante de la Fiscalía General del Estado, que desde septiembre de 2019 quedó ilegalmente en manos de una encargada del despacho que no existe en la ley, más que en el espíritu perverso de los cleptócratas del poder público. Los  visitadores, los esfumaron, por decreto.   

Un invento, pues, de los diputados morenistas de la Junta de Coordinación Política de la LXV Legislatura local  para monopolizar el órgano “autónomo” de procuración de justicia en Veracruz y ejercer una justicia a modo y semejanza del tlatoani.

A finales de 2017, el Congreso de la Unión puso fin al tutelaje oprobioso de la procuración de justicia que imponía el presidente de la república y gobernadores en turno, para crear una Fiscalía General Autónoma, al igual que en el resto de las entidades del país.

Congresistas, gobernadores y el presidente saliente EPN celebraron con bombo y platillo la transformación de la PGR y de las PGJ en fiscalías generales autónomas.

La naciente institución en 2018 no fue una graciosa concesión a la sociedad civil si no un reclamo popular que venía desde hace más de 4 décadas para legitimar el auténtico estado de derecho en el país y desterrar la impunidad y corrupción del Estado mexicano.

Paradójicamente, ahora son nuevamente los gobernadores que se oponen a una autentica autonomía de las fiscalías. Hay un doble lenguaje, simulación y doblez para imponer a sus peones en las fiscalías generales y anticorrupción.

El perverso entramado, cochinero y desaseo empezó con Javier Duarte en el ocaso de su accidentado y corrupto sexenio, así como de su fuga de la justicia. Los contrapesos de los poderes en teoría, son excepcionales, pero en la práctica el tutelaje es aberrante.

Con la compra de conciencias de la mayoría de la oposición, salvo sus excepciones, Duarte le ordenó a su vasallo y títere Juan Nicolás Callejas, líder de la mayoría priista y de la Junta de Coordinación Política, se impusiera como nuevo Fiscal General Autónomo a su cuate, el porteño Luis Ángel Bravo Contreras.

La clase política panista gobernante no se quedó atrás. Con el megalómano gobernador del bienio, Miguel Ángel Yunes Linares, pasó por encima de los diputados panistas para repetir el mismo entramado priista.

Como jefe absoluto de los poderes Judicial y Legislativo –en la práctica, de facto, pues-, el góber Yunes le recomendó al líder cameral Sergio Hernández Hernández –“El bailarín, crápula y cocainómano”, como lo definió en su momento la entonces diputada Cynthia Lobato-que impusiera como nuevo fiscal general al abogado de la familia e  incondicional a Jorge Winckler Ortiz.

La escenografía azul se pulió y mejoró la participación de los actores. Los “cañonazos” a los opositores para dejar el arribo sin  nubarrones de Winckler y Marcos Even Torres Zamudio como titulares de la fiscalía general y anticorrupción oscilaron arriba de los 10 millones de pesos.

El estado derecho en Veracruz está en manos de patanes, bucaneros y mercachifles. El tlatoani mayor tiene sometido al tlatoani menor. El llamado apóstol de la ‘honestidad’, de la ‘democracia’ y respeto a las minorías, Cuitláhuac García, superó a sus antecesores del PRI y PAN.

Pisoteando la nueva moralidad y cero corrupción, además de sus célebres perlas amloveristas, llamó con anticipación a su cancerbero Juan Javier Gómez Cazarín, líder cameral y de la mayoría morenista para que el proceso electivo de la terna  recaiga en la sanandrescana Verónica Hernández Giadáns,  por sus amplios méritos de sumisión y loas al jefe del Poder Ejecutivo.

Por tercera ocasión, la Legislatura local se convierte en un cochinero avieso al haber  emitido una convocatoria irregular que es sinónimo de corrupción y oprobio para elegir a una fiscal a modo, que estará rindiendo protesta de ley antes de que concluya mayo.

Pero, según constitucionalistas y expertos en hermenéutica, el montaje de la fiscalía autónoma podría ir a los máximos  tribunales para echar atrás la designación espuria que se cierne a favor de  Verónica. La cual, por cierto, podría pisar Pacho Viejo, como ocurrió con Luis del Ángel y la orden de aprehensión en contra de Jorge Winclker. ¡Grave, gravísimo!

Qué necesidad había haber manchado el proceso en aras de recuperar la manoseada credibilidad de la prostituida autonomía de la FGE y Anticorrupción.  ¡Los méritos, formación académica, experiencia y cristalina honestidad acabaron en el cesto de la basura! Vaya formar de acabar con la moral  pública.

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